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¿Puede cambiar el cerebro? Neuroplasticidad, apps de entrenamiento cerebral y eje intestino-cerebro según la investigación

«El cerebro se puede reprogramar», «10 minutos de entrenamiento cerebral al día», «el intestino es el segundo cerebro». Afirmaciones populares sobre el cerebro, separadas entre lo que la investigación ha confirmado y lo que se ha exagerado.

Última revisión 2026-09-29

Este artículo es información general para entender conceptos científicos. Si te preocupa el bajo estado de ánimo o la pérdida de memoria, habla con un médico antes de recurrir a dietas o apps.

Por qué las afirmaciones sobre el cerebro se inflan tan fácilmente

La neurociencia avanza de verdad muy rápido. Precisamente por eso, los estudios con animales o los resultados pequeños se convierten fácilmente en promesas de que «esto cambiará tu cerebro». Separemos tres temas populares entre lo confirmado y lo que aún no sabemos.

Neuroplasticidad: el cerebro cambia toda la vida, pero despacio

La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro de modificar sus conexiones y su estructura con la experiencia. Hebb (1949) propuso que «las neuronas que se activan juntas refuerzan su conexión», y la investigación posterior lo respaldó.

  • Cuanto más tiempo llevaban los taxistas de Londres memorizando el complejo callejero, mayor era la parte posterior de su hipocampo (Maguire et al., 2000).
  • Quienes aprendieron malabares durante tres meses ganaron materia gris en zonas visomotoras, que volvió a reducirse al dejar de practicar (Draganski et al., 2004).

Los límites también están claros. Estos cambios surgen de una larga repetición y pueden revertirse al dejar la práctica. Si se forman neuronas nuevas en el hipocampo adulto sigue en debate: en 2018 un estudio concluyó que «casi ninguna» (Sorrells et al., 2018) y otro que «hasta la vejez» (Boldrini et al., 2018). La idea de que «puedes reprogramar tu cerebro rápidamente si te lo propones» es una exageración.

Diez minutos de entrenamiento cerebral al día: solo mejora la tarea practicada

Las apps de entrenamiento cerebral prometen mejor memoria y concentración. La investigación dice, a grandes rasgos, lo siguiente:

  • En un experimento en el que más de 11 000 personas entrenaron en línea durante seis semanas, las puntuaciones en las tareas entrenadas subieron, pero no se transfirieron a otras capacidades cognitivas (Owen et al., 2010).
  • Tras revisar el campo, Simons et al. (2016) concluyeron que el entrenamiento mejora la tarea practicada y otras muy parecidas, con pocas pruebas de que aumente la cognición cotidiana.

Algunos enfoques tienen pruebas más firmes. Personas mayores que hicieron un año de ejercicio aeróbico aumentaron alrededor de un 2 % el volumen del hipocampo y mejoraron ligeramente la memoria (Erickson et al., 2011). Juega a los juegos cerebrales por diversión y cuida también el ejercicio, el sueño y aprender cosas nuevas. Por qué se escapa la atención se trata en el artículo sobre los límites de la atención y la memoria.

El eje intestino-cerebro: dialogan, pero no es «la base de la intuición»

El intestino y el cerebro se influyen a través del nervio vago, hormonas, señales inmunitarias y sustancias que producen los microbios intestinales. Cryan et al. (2019) revisaron a fondo esta investigación sobre el eje intestino-cerebro.

  • En una gran cohorte belga, las personas con depresión tenían menos de ciertas bacterias intestinales, como Coprococcus (Valles-Colomer et al., 2019). Pero es una correlación; aún no se sabe si es causa o consecuencia.
  • En un ensayo aleatorizado pequeño, personas con depresión que recibieron 12 semanas de apoyo para seguir una dieta de tipo mediterráneo mejoraron más (Jacka et al., 2017). Fue pequeño, así que hacen falta estudios mayores.

Hay puntos que se exageran a menudo. Es cierto que «el 90 % de la serotonina se produce en el intestino», pero esa serotonina no atraviesa la barrera hematoencefálica para llegar al cerebro. Y la «corazonada» o gut feeling es una metáfora: no hay pruebas de que los microbios intestinales produzcan la intuición.

El cerebro en reposo: la red neuronal por defecto

Raichle et al. (2001) identificaron un conjunto de regiones cerebrales que se activan juntas precisamente cuando descansamos en lugar de hacer una tarea, y lo llamaron red neuronal por defecto (DMN). Se usa sobre todo al recordar el pasado, imaginar el futuro o intuir lo que piensan otros.

  • Relación con la creatividad: la investigación sugiere que las ideas creativas surgen mejor cuando la DMN y la red de control ejecutivo, encargada de la concentración, cooperan (Beaty et al., 2016). Quedarse en blanco por sí solo no genera creatividad.
  • El efecto de alejarse un rato: quienes dejaron de lado un problema difícil para hacer una tarea fácil y distinta aportaron más ideas al volver a él (Baird et al., 2012).
  • Una advertencia: la mente divaga casi la mitad del tiempo que pasamos despiertos, y en esos momentos la gente suele decir que es menos feliz (Killingsworth & Gilbert, 2010). Conviene distinguir el descanso mental de la deriva hacia las preocupaciones.

Resumen

TemaLo que ha confirmado la investigaciónLo exagerado
NeuroplasticidadLa larga repetición cambia la estructura«Se puede reprogramar rápido»
Entrenamiento cerebralSolo mejoran las tareas practicadas«Diez minutos al día te hacen más listo»
EjercicioPequeños efectos en el hipocampo y la memoria—
Eje intestino-cerebroIntestino y cerebro intercambian señales«La serotonina intestinal crea el ánimo», «el intestino crea la intuición»
Red neuronal por defectoActiva en reposo; la creatividad surge de su cooperación con el control«Quedarse en blanco dispara la creatividad»

Referencias

  • Hebb, D. O. (1949). The Organization of Behavior. Wiley.
  • Maguire, E. A., et al. (2000). Navigation-related structural change in the hippocampi of taxi drivers. PNAS, 97(8), 4398–4403.
  • Draganski, B., et al. (2004). Neuroplasticity: Changes in grey matter induced by training. Nature, 427(6972), 311–312.
  • Sorrells, S. F., et al. (2018). Human hippocampal neurogenesis drops sharply in children to undetectable levels in adults. Nature, 555(7696), 377–381.
  • Boldrini, M., et al. (2018). Human hippocampal neurogenesis persists throughout aging. Cell Stem Cell, 22(4), 589–599.
  • Owen, A. M., et al. (2010). Putting brain training to the test. Nature, 465(7299), 775–778.
  • Simons, D. J., et al. (2016). Do “brain-training” programs work? Psychological Science in the Public Interest, 17(3), 103–186.
  • Erickson, K. I., et al. (2011). Exercise training increases size of hippocampus and improves memory. PNAS, 108(7), 3017–3022.
  • Cryan, J. F., et al. (2019). The microbiota-gut-brain axis. Physiological Reviews, 99(4), 1877–2013.
  • Valles-Colomer, M., et al. (2019). The neuroactive potential of the human gut microbiota in quality of life and depression. Nature Microbiology, 4(4), 623–632.
  • Jacka, F. N., et al. (2017). A randomised controlled trial of dietary improvement for adults with major depression (the ‘SMILES’ trial). BMC Medicine, 15(1), 23.
  • Raichle, M. E., et al. (2001). A default mode of brain function. PNAS, 98(2), 676–682.
  • Beaty, R. E., Benedek, M., Silvia, P. J., & Schacter, D. L. (2016). Creative cognition and brain network dynamics. Trends in Cognitive Sciences, 20(2), 87–95.
  • Baird, B., et al. (2012). Inspired by distraction: Mind wandering facilitates creative incubation. Psychological Science, 23(10), 1117–1122.
  • Killingsworth, M. A., & Gilbert, D. T. (2010). A wandering mind is an unhappy mind. Science, 330(6006), 932.