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Psicología de la personalidad y psicología social — el modelo de cinco factores, el debate persona–situación, actitudes y persuasión, prejuicio y contacto, y la crisis de replicación

¿Cuántas dimensiones describen la personalidad? ¿Actuamos según nuestro carácter o según la situación? Los Cinco Grandes y HEXACO, la disonancia cognitiva y el modelo de probabilidad de elaboración, el contacto que reduce los prejuicios y la crisis de replicación en psicología: el cierre del curso, a nivel universitario.

Última revisión 2026-09-29

¿Cómo describimos la personalidad? Las teorías de rasgos

La hipótesis léxica y el modelo de cinco factores

Siguiendo la hipótesis léxica —«las diferencias de personalidad que importan a la gente han quedado guardadas como palabras en el idioma»—, los investigadores reunieron miles de adjetivos de personalidad de los diccionarios y los sometieron a análisis factorial. Las cinco dimensiones que reaparecieron en muchas culturas e idiomas forman el modelo de cinco factores (los Cinco Grandes) (Goldberg, 1990; McCrae & Costa, 1987).

FactorPolo altoPolo bajo
AperturaCurioso, imaginativo, atraído por lo nuevoPrefiere lo conocido, práctico
ResponsabilidadOrganizado, minucioso, disciplinadoEspontáneo, relajado
ExtraversiónSociable, activo, emociones positivasTranquilo, prefiere estar a solas
AmabilidadCooperativo, confiado, empáticoCompetitivo, escéptico
NeuroticismoAnsioso, preocupado, emocionalmente cambianteEmocionalmente estable

Ashton y Lee (2007) propusieron el modelo HEXACO, que añade Honestidad-Humildad: la tendencia a actuar con justicia sin aprovecharse de los demás, en el polo opuesto de la tríada oscura.

¿Cuánto importa la personalidad?

Roberts et al. (2007) mostraron que los rasgos de personalidad predicen la longevidad, el divorcio y el logro profesional aproximadamente igual que el nivel socioeconómico o la capacidad cognitiva. Un metaanálisis de estudios de gemelos situó la heredabilidad de los rasgos de personalidad en torno al 40 % (Vukasović & Bratko, 2015).

Los límites de las tipologías

Las tipologías como el MBTI, que reparten a la gente en 16 tipos, son fáciles de entender, pero la mayoría de los rasgos forman distribuciones continuas con la mayoría de las personas en el centro y no en los extremos. Por eso quienes están cerca de los límites cambian con facilidad de tipo al repetir el test (Pittenger, 2005). Los tipos sirven sobre todo para iniciar una conversación; en investigación y selección de personal se usan en general puntuaciones dimensionales.

El debate persona–situación

Mischel (1968) señaló que la correlación entre las puntuaciones de personalidad y la conducta en una situación concreta suele quedarse en torno a 0,30, y sostuvo que la conducta depende más de la situación que de la personalidad. El desafío abrió décadas de debate.

El debate desembocó en dos ideas.

  • Distribuciones de conducta: registrando la conducta de las personas varias veces al día, Fleeson (2001) mostró que la conducta extravertida fluctúa mucho incluso dentro de una misma persona, pero que la media de esa distribución difiere de forma estable entre personas.
  • Firmas «si… entonces»: Mischel y Shoda (1995) explicaron que los patrones de respuesta propios de cada situación —«se enfada cuando lo critican, pero se vuelve tímido cuando lo elogian»— son en sí mismos la personalidad estable de alguien.

Al final, personalidad y situación no se excluyen: interactúan para producir la conducta. Los experimentos clásicos sobre el poder de las situaciones (Milgram, el efecto espectador y otros) se tratan en el artículo sobre la conducta en contexto.

Actitudes y persuasión

La disonancia cognitiva

Festinger y Carlsmith (1959) pidieron a participantes que habían hecho una tarea aburrida que le dijeran a la siguiente persona que era «divertida», pagándoles 1 o 20 dólares. Cuando después se les preguntó cuán entretenida había sido de verdad la tarea, quienes recibieron 1 dólar la valoraron como más divertida. Sin razones suficientes para justificar la mentira, redujeron el malestar (la disonancia) cambiando su propia actitud.

El modelo de probabilidad de elaboración

Petty y Cacioppo (1986) propusieron que la persuasión sigue dos rutas.

  • Ruta central: cuando hay motivación y capacidad, se examina la calidad de los argumentos. Las actitudes cambiadas así perduran y predicen bien la conducta.
  • Ruta periférica: cuando falta interés o capacidad, se recurre a señales como la imagen de experto, el atractivo o el número de argumentos. Las actitudes cambiadas así vuelven atrás con facilidad.

Las técnicas de persuasión y las preguntas de control para protegerse se tratan en los artículos sobre impresiones y persuasión y sobre reciprocidad y pie en la puerta.

Prejuicio y relaciones entre grupos

Competición y metas supraordinadas

En el experimento de Robbers Cave de Sherif (Sherif et al., 1961), unos chicos de un campamento de verano se dividieron en dos grupos enfrentados en competiciones, y la hostilidad creció rápidamente. Lo que la suavizó no fue el mero contacto, sino metas supraordinadas alcanzables solo en común, como reparar juntos el suministro de agua averiado.

La hipótesis del contacto

Allport (1954) propuso que el contacto entre grupos reduce el prejuicio en condiciones de igualdad de estatus, metas comunes, cooperación y apoyo institucional. Un metaanálisis de 515 estudios halló que el contacto reducía el prejuicio de forma constante, con efectos mayores cuando se daban las condiciones de Allport (Pettigrew & Tropp, 2006).

El debate sobre la medición del sesgo implícito

El Test de Asociación Implícita (IAT) mide, por los tiempos de reacción al emparejar conceptos, asociaciones de las que quizá no somos conscientes (Greenwald, McGhee & Schwartz, 1998). Pero los críticos señalan que las puntuaciones del IAT predicen débilmente la conducta discriminatoria real y que la puntuación de una persona cambia bastante al repetir la prueba, lo que la hace poco adecuada para juzgar a individuos (Oswald et al., 2013).

Para cerrar el curso: lo que enseñó la crisis de replicación

En 2015, unos 270 investigadores repitieron 100 estudios de las principales revistas de psicología; solo alrededor del 36 % reprodujo un resultado estadísticamente significativo (Open Science Collaboration, 2015). Efectos famosos como el agotamiento del ego —la idea de que la fuerza de voluntad se agota— y las «posturas de poder» —la idea de que una postura segura cambia las hormonas— también tuvieron dificultades para replicarse.

Desde entonces, la psicología se ha ido corrigiendo con el prerregistro de los planes de estudio, las réplicas a gran escala entre muchos laboratorios y la apertura de los datos. Por eso los capítulos 7 a 10 presentan los estudios originales junto a la investigación posterior. Estudiar psicología es menos memorizar conclusiones que desarrollar una mirada capaz de sopesar el tamaño y los límites de la evidencia.

Preguntas de comprobación

Pregunta 1. Alguien puntúa alto en extraversión, pero a menudo se queda callado en las reuniones. ¿Es esto una prueba de que la personalidad no sirve?

Respuesta. No. Como muestra la investigación de Fleeson, la conducta de una persona fluctúa mucho según la situación, pero la media de su distribución de conductas difiere de forma estable entre personas. Además, «callado en las reuniones» puede ser parte de su firma «si… entonces».

Pregunta 2. Un estudiante obligado a hacer voluntariado acabó valorándolo más. ¿Es más probable este cambio cuando la recompensa es grande o pequeña?

Respuesta. Cuando es pequeña. Según la teoría de la disonancia cognitiva, cuanto menos justificación externa tiene una conducta, más cambia la gente su actitud para reducir la disonancia.

Pregunta 3. Una empresa quiere juzgar si cada candidato tiene prejuicios según su puntuación en el IAT. ¿Cuál es el problema, a la luz de la investigación?

Respuesta. El IAT es útil para estudiar tendencias a nivel de grupo, pero su capacidad de predecir la conducta individual es débil y su fiabilidad test-retest, modesta. No hay pruebas suficientes para usarlo como herramienta para juzgar a individuos.


Referencias

  • Goldberg, L. R. (1990). An alternative “description of personality”: The Big-Five factor structure. Journal of Personality and Social Psychology, 59(6), 1216–1229.
  • McCrae, R. R., & Costa, P. T. (1987). Validation of the five-factor model of personality across instruments and observers. Journal of Personality and Social Psychology, 52(1), 81–90.
  • Ashton, M. C., & Lee, K. (2007). Empirical, theoretical, and practical advantages of the HEXACO model of personality structure. Personality and Social Psychology Review, 11(2), 150–166.
  • Roberts, B. W., Kuncel, N. R., Shiner, R., Caspi, A., & Goldberg, L. R. (2007). The power of personality. Perspectives on Psychological Science, 2(4), 313–345.
  • Vukasović, T., & Bratko, D. (2015). Heritability of personality: A meta-analysis of behavior genetic studies. Psychological Bulletin, 141(4), 769–785.
  • Pittenger, D. J. (2005). Cautionary comments regarding the Myers-Briggs Type Indicator. Consulting Psychology Journal: Practice and Research, 57(3), 210–221.
  • Mischel, W. (1968). Personality and Assessment. Wiley.
  • Fleeson, W. (2001). Toward a structure- and process-integrated view of personality: Traits as density distributions of states. Journal of Personality and Social Psychology, 80(6), 1011–1027.
  • Mischel, W., & Shoda, Y. (1995). A cognitive-affective system theory of personality. Psychological Review, 102(2), 246–268.
  • Festinger, L., & Carlsmith, J. M. (1959). Cognitive consequences of forced compliance. Journal of Abnormal and Social Psychology, 58(2), 203–210.
  • Petty, R. E., & Cacioppo, J. T. (1986). The elaboration likelihood model of persuasion. Advances in Experimental Social Psychology, 19, 123–205.
  • Sherif, M., Harvey, O. J., White, B. J., Hood, W. R., & Sherif, C. W. (1961). Intergroup Conflict and Cooperation: The Robbers Cave Experiment. University of Oklahoma.
  • Allport, G. W. (1954). The Nature of Prejudice. Addison-Wesley.
  • Pettigrew, T. F., & Tropp, L. R. (2006). A meta-analytic test of intergroup contact theory. Journal of Personality and Social Psychology, 90(5), 751–783.
  • Greenwald, A. G., McGhee, D. E., & Schwartz, J. L. K. (1998). Measuring individual differences in implicit cognition: The implicit association test. Journal of Personality and Social Psychology, 74(6), 1464–1480.
  • Oswald, F. L., et al. (2013). Predicting ethnic and racial discrimination: A meta-analysis of IAT criterion studies. Journal of Personality and Social Psychology, 105(2), 171–192.
  • Open Science Collaboration (2015). Estimating the reproducibility of psychological science. Science, 349(6251), aac4716.
  • Hagger, M. S., et al. (2016). A multilab preregistered replication of the ego-depletion effect. Perspectives on Psychological Science, 11(4), 546–573.
  • Carney, D. R., Cuddy, A. J. C., & Yap, A. J. (2010). Power posing: Brief nonverbal displays affect neuroendocrine levels and risk tolerance. Psychological Science, 21(10), 1363–1368.
  • Ranehill, E., et al. (2015). Assessing the robustness of power posing: No effect on hormones and risk tolerance in a large sample of men and women. Psychological Science, 26(5), 653–656.